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Cattleya Peckaviensis
Cattleya Peckaviensis es el híbrido entre Cattleya schilleriana y Cattleya aclandiae, dos especies brasileiras de porte pequeño

Siempre es estupendo tener una joven orquídea que va a florecer por primera vez.

Más aun cuando se trata de una especie o híbrido que nunca antes has tenido en flor, y a la que sólo conoces por haberla visto en imágenes de otros.
En las especies de Cattleya, por lo general, la variabilidad de las flores es grande, y en los híbridos primarios esta variabilidad no hace más que aumentar. Sólo en las propagaciones a partir de tejido (clonación) la variabilidad es casi nula y al comprar un cultivar meristemado ya sabes como será la flor cuando florezca la planta.

Cattleya Peckaviensis
Cattleya Peckaviensis apenas forma una espata; esta a veces se reduce al tamaño mismo de las brácteas. Los pimpollos se forman al abrigo de las hojas aun enrolladas, y cuando estas se abren, quedan expuestos.

Cattleya Peckaviensis es bifoliada como sus parientes. Las hojas jóvenes nacen verdes con unas pocas manchas moradas muy vistosas. También en las vainas, que protegen el bulbo, hay mucho color. Pocos días antes de secarse, estas vainas se vuelven rojas y moradas como hojas de otoño. Esta espectacular coloración coincide con una explosión de manchas en las hojas. Parece que anticiparan la flor.
Este colorido es tanto más profundo cuanto más luz y sol tenga la planta de día y cuanto más fresco haga durante la noche; pero siempre hay que ser moderado, y en un clima como el de mi zona, donde el aire seco predomina, el cultivo aconsejable es el de media sombra – a la sombra de un arbusto, como en la primera foto.

Cattleya Peckaviensis
Colores de otoño en las vainas justo antes de madurar los pseudobulbos

La anticipación es gran parte del juego … y Cattleya Peckaviensis no escatima en promesas. Siendo una planta joven, la primera floración es sólo de una única flor. Las flores solitarias suelen ser un poco mayores – este pimpollo ya va por los 4 cm – pero nada iguala a todo un racimo de flores de Cattleya.

Cattleya Peckaviensis
Viendo la coloración y el moteado de hojas y del único pimpollo, bien podría llamarse ‘Onça’, el nombre del jaguar en Brasil.

¡Ay, los nombres!
No podía ser de otra forma, siendo orquídea. Se encuentran dos registros de este híbrido en la RHS. La más antigua y, por lo tanto, el nombre reconocido es de 1901 (Hruby) con el nombre de Cattleya Peckaviensis. Y luego hay un segundo registro de 1910 (Sir C. Marriott) con el nombre de Cattleya Peckhaviensis. Casi todas las entradas en la red de redes se escriben con la hache intercalada, obedeciendo al ‘sentir ortográfico’ de este nombre en los idiomas anglosajones pero, el nombre correcto es el otro …

‘Hruby’ es el Baron Theodor Karel Josef Hrubý z Gelení (1826-1914) de Petschkau – Pečky en checo – en Bohemia (Cervené Pečky, al este de Praga), donde reunió la mayor y más importante colección de orquídeas del Imperio Austro-Húngaro de finales del siglo XIX.
De esta colección apenas han sobrevivido unas 300 láminas en gouache hechas por Karolina Masek.

El pimpollo – como una aceituna lustrosa y pintada –  aumenta visiblemente de tamaño de día en día y, durante la última noche, abrió.

Cattleya Peckaviensis
Esto es lo que en algunos foros se describe como ‘electric magenta’. Pues si …

Conociendo un poco la anatomía de una flor de Cattleya, es evidente que las dos hojas del pseudobulbo con su moteado de gran contraste, como los cinco pétalos con un contraste aun mayor, forman un conjunto, un aparato visual dedicado a llamar la atención y dirigir el interés al centro mismo: a la señal (amarilla a nuestros ojos) que aparece justo enfrente de la columna que contiene polen y estigma de la flor.

Cattleya Peckaviensis infrared simulation
Una foto editada con ‘infrared simulation’ muestra en blanco y negro todo el contraste presente en el aparato visual – hojas y pétalos forman una unidad y apenas se distinguen. La señal, que para los polinizadores muy probablemente sea una señal en UV, la he marcado en amarillo, tal como la ve el ojo humano.

El labelo, idealmente plano, es la plataforma perfecta para que pueda aterrizar un insecto sin resbalarse.  Ignoramos que sensación de color tendrá el insecto que enfoque la flor y su señal; para nosotros es amarilla. Fotografías con cámaras especiales capaces de captar tanto la luz infraroja (IR) como ultravioleta (UV) revelan que muchas flores, además de las señales visibles tienen otras que sólo son visibles a los insectos que las polinizan.
Estas señales las conocemos de muchas flores, las encontramos en las flores de Dietes y Neomarica, en las minúsculas flores de Cymbalaria muralis y Anagallis, y es muy probable, que la señal en esta flor de Cattleya Peckhaviensis además del color visible tenga un segundo color oculto para nosotros.

Quien quiera ver imágenes de flores que visibilizan los colores UV y IR no visibles al ojo humano puede bucear entre las fotografías del fotógrafo Bjørn Rørslett.

Cattleya Peckhaviensis a contraluz
A contraluz, la flor que es color verde oliva se vuelve de color cobre con motas carmesí.

Por si los atractivos visuales no fueran del todo seguros, la flor comienza a emitir olor al segundo día. Un aroma fuerte, con dulzor de Cattleya y muchos matices de especias, agradable. Que sea un olor diurno se corresponde con el aparato visual: los polinizadores  sólo vuelan de día.

Cattleya Peckaviensis
Cattleya Peckaviensis ‘Sobral’, con luz indirecta
Cattleya Peckhaviensis 'Sobral'
Cattleya Peckaviensis ‘Sobral’ – menos el labio, toda la flor es altamente brillante.
Cattleya Peckhaviensis 'Sobral'
Cattleya Peckaviensis ‘Sobral’, detalle de la columna, la señal y parte del labio

 

„Meu bem,
ouve as minhas preces …“

Luísa Sobral, Salvador Sobral (2017), obrigado

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Crecer entre palos

“Tengo a sanantonio
puesto de cabeza
no me busca novio
pues … ¡ya no me interesa!
palo, palo palo …”

(Lita Nelson/Edmundo Arias y su Orquesta, Feria de Cali, 1958)

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Un nuevo cesto para Cattleya Peckhaviensis.
Por lo menos esa es la idea, aun de madrugada. A medias entre descansado y desnudo, afuera el mundo aun sigue abrigado con un manto de penumbra, pero la idea ya alborota en la cabeza y está lista para salir al mundo.
cestos tremperos 1
Antes de nada apresurar el café, afinar la coordinación: primero el agua, como máximo hasta la válvula, luego el filtro, llenarlo con café recién molido – ¡hum, qué bien huele! – , enroscar, encender la llama, poner la cafetera a hervir y conectar el laptop. El orden de los factores sí altera el resultado, pruébenlo.
Y sí que está fría la silla a esta hora.
cestos tremperos 2
Hacer un cesto nuevo comienza por reunir todos los bártulos, los imprescindibles como las ramas secas de saúco, duras, casi demasiado duras como para cortarlas a tamaño con una tijera de podar al uso, y los decorativos, superfluos al final, una vez hecha la cesta, pero necesarios en el proceso de preparar las fotos, montar una escena, deshacerla, volver a pixelar, reagrupar, disparar otra vez, editar, comprobar en la pantalla una primera vista rápida, reagrupar de nuevo, cambiar el enfoque, pixelar, archivar por si acaso sirva.
cestos tremperos
El cesto será un sexángulo, de forma que necesitaré 18 o 21 trozos de ramas de saúco, tal vez incluso veinticuatro, ya veremos. Porque el tamaño, no sólo en extensión para darle a la planta espacio para uno o dos brotes consecutivos en cada dirección, sino también en profundidad sí que importa. Una única fila de palos más aumenta el volumen considerablemente, y a más volumen más retención de agua y mayor cuidado hay que tener a la hora de regar. Es muy fácil comprobar el tamaño final del cesto, jugando a hacer casitas con los palos aun sin perforar. Si resulta ser demasiado grande, o demasiado alto, con cortar un cm en cada trozo o con eliminar una fila de tres, damos con el resultado deseado.
cestos tremperos 4 o 5
Ya hace tiempo que la segunda taza de café lleva enfriándose. El asiento en cambio ha tomado una temperatura más que agradable y mientras le doy forma al cesto, perforo los trozos de saúco en cada extremo y preparo la primera fila de palos ensartados en alambre,  doy vuelta a otra idea que llevo rumiando desde despertar a oscuras. Las entradas sobre orquídeas en el blog son todas en español, y así seguirán, pero un título que no sea repetitivo para esta entrada, que ya va a ser la tercera sobre cestos,  tan solo se me ocurre en inglés.
cestos tremperos 5
Ignoro si ‘morning-wood-basket’ lo entendería alguien que entrara casualmente; sí lo entenderían aquellos que entraran a través de algún buscador de palabras y no sería por casualidad. Como tampoco es cuestión de complicar cosas simples, intento varias traducciones literales, otras explícitas, voy descartando las médicas y al final lo intento desde el alemán. Aunque una rama de saúco no se parece en nada a una ‘Latte’, que simplemente significa ‘listón’ y punto. No, no sirve.
cestos tremperos 6
En este cesto he innovado el fondo del cesto. Es un trozo de malla de plástico de una bolsa de cebollas el que forma la base y está cogida por los mismos alambres que sujetan los palos. Espero que aguante el peso del sustrato. Encima va, recortado al tamaño y  a la forma hexagonal del cesto, el tejido natural de una palmera (Livistona chinensis).
cesto trempero 7
Ahora toca trasplantar. Para reblandecer algunas raíces que se han pegado a los palos del cesto roto – ya tiene sus años -, remojo todo el cesto y las raíces sumergiéndolos en agua tibia.
Como en cualquier lengua masculinista hay infinitas variantes para cualquier tipo y condición de verga (= palo delgado) y no hay prisas para seguir con el trasplante, confío mi suerte una vez más al traductor que está a unos pocos clics de tecla, para dar con alguna traducción lúdica de ‘morning wood’ a la jerga masculina en castellano. Nada.
cesto trempero 8
En cambio, la traducción al castellano de la alemana ‘Morgenlatte‘ me la presentan como ‘café con leche por la mañana’ … no, hombre no, de tanta risa tonta que me entró acabo de regar el teclado del laptop con el poco de café frío que quedaba en la taza, asqueroso – a mi me gusta negro, fuerte, dulce – y pringoso al limpiar.
Y espero no haber despertado a los vecinos con tanto júbilo, ya ha salido el sol.
cesto trempero
Me parece muy extraño que no encuentre ninguna palabra adaptable, que además sirva para el cesto. Hasta que doy con un préstamo del catalán. Força i entusiasme.
Igual debería, antes de usarlo, contrastar la palabra con un ‘native-speaker’ catalán, pero como ya dije, tampoco hay que complicar las cosas simples.

Y esto de hacer cestos es bastante simple, la verdad.

cesto trempero 10

“… palo bonito, palo es!”

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