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Mitos, gente muy rica y Mount Kinabalu

You would have to have the world’s finest orchid
in order to name it after Rothschild, and that’s why the horticulturists
at that time all agreed that “The King of Orchids”
should be named after
Ferdinand James von Rothschild.


Con este perfecto círculo vicioso explica Brandon Tam en un blog de la Huntington Library cómo no podía ser de otra manera que se le dedicase a uno de los herederos de la familia de banqueros Rothschild el recién descubierto Paphiopedilum, apodado ‘Rey de las Orquídeas’.
Ferdinand James Anselm, Freiherr von Rothschild (1839 – 1898). Dada su riqueza y su afición quizás no le costara mucho ser benefactor de la horticultura. Heredero de la familia más rica que jamás había visto  Europa  (a España le tocó que financiaran las guerras napoleónicas y la compra de Rio Tinto) tuvo su orquidario y su colección de orquídeas en Waddesdon Manor.
En 1888 Reichenbach hijo describió en su honor una planta traída un año antes a Europa por Frederick Sander (financiado por el Sr. Rothschild) como Cypripedium rothschildianum. El mismo año, probablemente en un intento por disuadir a la competencia de buscar y encontrar mas ejemplares en ultramar, Jean Linden en Bélgica volvería a describir la misma especie y a publicarla bajo el nombre de Cypripedium neo-guineense.

Paphiopedilum rothschildianum
Paphiopedilum rothschildianum, Noviembre de 2013, planta de Regina Elsner/Alemania. La envergadura de las hojas de punta a punta es de 25cm.

Lo cierto es que lo consiguió más allá de lo que era su intención, pues ni su empresa ni ninguna otra volvieron a encontrar al ‘rey de las orquídeas’, ni en Nueva Guinea – donde nunca jamás creció – ni en Borneo, de donde realmente provenía. Durante casi un siglo la especie se consideró perdida, aumentando el mito de planta valiosa. Sólo se cultivaban contados ejemplares en toda Europa. Fue en 1959 que se redescubrió en los valles del Mount Kinabalu, en Sabah, Malasia, en el norte de la isla de Borneo.
Aunque actualmente se propaga artificialmente por miles, sigue siendo una planta amenazada de extinción al ser escasa de por si, por los saqueos ilegales, corrimientos de tierras en las escarpadas laderas donde crece y  por la quema de bosques.

Paphiopedilum rothschildianum
Primer trasplante en mayo de 2015. La envergadura de las hojas de punta a punta es de 43cm.

Paphiopedilum rothschildianum es de crecimiento vigoroso pero muy lento. Esta es la razón por la que aun  hoy es una planta cara si está en edad de florecer. Plantas con varas de cinco flores suelen arrasar en las competiciones, la envergadura de las flores supera los treinta centímetros con holgura (es el único Paphiopedilum de su grupo que tiene los sépalos extendidos en vez de colgantes) y en general, la apariencia es bastante apabullante.
Y las plantas jóvenes, como la que compré yo hace unos cuatro años, tardan mucho en demostrar si valen tanta paciencia, espacio y dedicación.

Paphiopedilum rothschildianum
Segundo trasplante en marzo de 2016. Envergadura de 45cm.
Paphiopedilum rothschildianum
En agosto de 2016 aparece un primer brote lateral – por lo general el signo inequívoco que un Paphiopedilum ha llegado a la edad madura y puede florecer.
Paphiopedilum rothschildianum
Trasplante a finales de febrero de 2017. La planta está muy fuerte, la maceta llena de raíces, el brote nuevo ya va por tres hojas – ¿a qué esperas?

Ya veremos. Por primera vez parece que quiera florecer.
Después de cuatro años dos hojas muy seguidas, la interior más oscura, crecen en el centro del abanico de hojas. Aunque casi estamos en agosto, y no es la época normal para que florezca un Paphiopedilum rothschildianum. Por si acaso, la planta pasa a dentro de casa, con menos de UV y más protección y control.

Paphiopedilum rothschildianum 'Mandela'
¿Es lo que parece? Ya veremos.
Paphiopedilum rothschildianum
Parece que es lo que es – una hoja más

Continuando Berenice

Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'

No queda más remedio – tanta flor merece otra entrada. En esta entrada el fondo de las fotos será claro – lo que implica que las fotos han sido re-gimpeadas para que a pesar del contraste se aprecien los detalles y los colores.

Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
El tercer pimpollo de Berenice empieza a desplegar sus pétalos
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Un pequeño pulgón se pierde sobre las manchas de los sépalos que pretenden simular justo eso: pulgones que atraigan polinizadores
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Las manchas son más lustrosas y resaltan ligeramente sobre la superficie de los sépalos
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva' 5ª flor
Preparando la quinta flor
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
La quinta flor
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
De lado – los polinios a cada ‘salida’ del labelo
Paphiopedilum berenice 'Lula da Silva'
Después de casi tres meses de floración, Berenice pasa a su nuevo emplazamiento, bajo la sombra de una mata de Canna musifolia
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Los nuevos brotes ya crecen con fuerza
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
125 días en flor.



Paphiopedilum Berenice ‘Lula da Silva’ 2017

Paphiopedilum Berenice
Paphiopedilum Berenice ‘Lula da Silva’, 17.04.2017
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Paphiopedilum Berenice ‘Lula da Silva’
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Paphiopedilum Berenice ‘Lula da Silva’ , 18.04.2017
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Paphiopedilm Berenice ‘Lula da Silva’ abierta el 19.04.2017, los sépalos aun se están alargando
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Paphiopedilum Berenice ‘Lula da Silva’
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Estaminodio y polínios. La foto fue tomada al salir el sol – de ahí el colorido.
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
En tres días el segundo pimpollo estará abierto y aun le quedan 90º de torsión para estar completamente resupinado.
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
El segundo pimpollo, 24.04.2017
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Paphiopedilum Berenice ‘Lula da Silva’, las dos primeras flores, el 29.04.2017
Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva'
Puntos y rayas en Paphiopedilum Berenice ‘Lula da Silva’



Lost – pérdidas tontas

Cattleya maxima Cattleya violacea
Cattleya maxima x C. violacea = C. Walther Wolff; es esencial guardar el ritmo de riegos y períodos secos para no perder todas las raíces en el género Cattleya y ser muy prudente con los abonos orgánicos

No solemos presentar las plantas que se nos mueren. En los foros acaso pedimos ayuda urgente, con foto incluida de hojas mustias, de cualquier Phalaenopsis sin nombre. Pero las plantas de coleccionista, caras y menos frecuentes, difíciles de conseguir si no vives cerca de un productor, las que son exigentes en su cultivo –  esas plantas solo aparecen en portada cuando están en flor, espectaculares, llamativas y sobre todo: vivas.

Hemos de asumir que la primera razón para la pérdida de una planta – tanto las especiales como las ‘del montón’ –  se debe al mal cuidado por nuestra parte. Posibles ‘colapsos mesofílicos’, ‘raíces encharcadas’ o las temidas ‘infecciones fúngicas y víricas’ son tan solo síntomas secundarios. La falta de atención o de conocimientos por parte del aficionado son las razones que paulatinamente han llevado a que se debilite esa planta que finalmente perderemos presa de una infección oportunista y secundaria.

Contra eso no hay fitofármaco que valga.

Laelia anceps
Laelia anceps, muerta en el segundo invierno por no prevenir que se mojaran repetidas veces las raíces al cultivarla al aire libre. Estas Laelias forman raíces una o dos veces al año y lo ideal sería cultivarlas sobre un tronco – cada raíz vale su peso en oro…

Pero si hay otras muchas cosas que podemos hacer.
Empezamos antes de adquirir nuestra orquídea: ¿Qué planta escogemos y dónde la compramos?
Cada planta, cada orquídea tiene ciertas necesidades vitales específicas, según su origen. Para algunas – las que tienen una distribución amplia incluyendo regiones con (micro)climas diversos – estas condiciones buenas para su crecimiento son amplias. Otras en cambio, adaptadas a un entorno específico, requieren de estas condiciones específicas para poder sobrevivir en cultivo.
Las plantas no se adaptan a nuestras condiciones – somos nosotros los que tenemos que adaptar el lugar de cultivo a las necesidades de nuestras plantas.
Elegiremos las plantas a las que nosotros nos podamos adaptar.

Oncidium tigrinum
El espectacular Oncidium tigrinum proviene de zonas altas de Mexico y necesita de noches francamente frías por lo menos durante su período de reposo para formar bien su nuevo pseudobulbo. Al faltar el frío, las yemas no prosperan. Solo consiguió florecer una vez.

Independientemente de donde vivamos siempre es preferible adquirir nuestras plantas en un vivero especializado. Con esto nos aseguraremos en gran medida que las plantas no provengan de extracciones ilegales. Además de que plantas extraídas directamente de la naturaleza son difíciles de cultivar, las especies de orquídeas terrestres y epífitas están protegidas por ley, tanto a nivel nacional como por regulaciones internaciones (CITES). Para híbridos no existen estas restricciones.
Los híbridos suelen ser mucho más vigorosos que las especies – para los que comienzan con la afición ¡son la mejor opción!
Al comprar en mercados, grandes cadenas o incluso en floristerías tenemos que tener en cuenta, que no sabemos cuánto tiempo y bajo qué condiciones – pésimas en luz y ventilación, eso es seguro – han estado las plantas en los mostradores y previamente en los contenedores del transportista. Es frecuente que estas plantas pierdan los pimpollos o incluso que pierdan la floración y alguna hoja cuando lleguen a casa. Envueltas en plásticos, y con nula ventilación, cualquier hongo se siente a gusto. Marcas redondas y negras en las hojas, lunares grises en las flores, son los característicos daños.

Zygopetalum híbrido
No pude resistirme al perfume de este Zygopetalum híbrido sin nombre, a pesar de que la planta estaba muy tocada, la compré. Zygopetalum, siempre propensos a tener manchas en las hojas si la ventilación no es máxima, se resienten rápidamente si no tienen un sustrato aireado. No conseguí erradicar el hongo que llevaba de origen.

Al pedir plantas por catálogo – internet – hay que extremar las cautelas. Como novat@ jamás pediremos plantas a través de plataformas de venta online. La probabilidad de pifiarla son inmensas! Hay grandes productores de orquídeas en muchos países, hay pues en dónde elegir de forma segura y a buenos precios. Cuántos menos intermediarios haya hasta que la planta llegue a nuestra casa, mejor. Más fresca la planta y por lo general, el precio también será el mejor comprando directamente al productor.
No nos dejemos engañar por las fotos en internet: solo elegiremos plantas que podamos cultivar! Por muy bonita que sea la foto de alguna planta tropical – si no podemos ofrecer condiciones tropicales, la perderemos inevitablemente.

Paphiopedilum Clair de Lune 'Edgard van Belle'
Si ya da rabia perder a cualquier planta un poco especial, más rabia da perder una planta cara, con historia y pedigrí como este Paphiopedilum Clair de Lune ‘Edgard van Belle’ por una razón tan tonta como no vigilar el exceso de luz.

Siempre es aconsejable leer cuanto uno pueda leer y empaparse de información antes de comprar. Hoy en día internet proporciona la herramienta casi perfecta para acceder a toda la información necesaria. Lamentablemente internet no solo da acceso a la información, sino en mayor medida a la desinformación: cualquiera puede publicar, sin necesidad de probar la veracidad de lo publicado, cualquiera puede ‘copiar y pegar’ sin citar las fuentes.
Este trabajo de contrastar la información nos toca a nosotros.

¿Como hacer semejante tarea, de la que antes se ocupaban las editoriales?
Pues a) volviendo a los libros o b) buceando aun más en internet comparando cuántas más páginas mejor. Dando preferencia a páginas y entradas en los foros que tengan un mínimo de rigor científico y comparando las mismas (!) páginas de alguna wiki pero en distintos idiomas, poco a poco conseguiremos distinguir la paja del grano.

Luego toca creerse lo leído y hacer caso  … y si casi todos coinciden que los Paphiopedilum prefieren la penumbra, pues …

Los parámetros de cultivo – temperatura, luz, humedad relativa, ventilación, agua –  no se pueden sustituir por abonos o fitofármacos.

Angulocaste Joiceyii
Si un brote a medio crecer deja de crecer pero sigue igual de verde – ¡alarma! En este caso de Angulocaste Joiceyii unas orugas habían ahuecado las bases de todos los pseudobulbos, no quedando ninguna yema viable. Hay que controlar la idoneidad de los sustratos.
Brassophronitis Edna
Imperdonable dejar crecer en la misma maceta una hierba que compacta el sustrato después de haber ‘amamantado’ unos pequeños seedlings de Brassavola nodosa x Sophronitis coccinea durante más de dos años.
Iwanagaara Apple Blossom 'Tigerdee'
Que una planta sea extremadamente vigorosa – herencia de Caularthron – no significa que se la pueda perder de vista: unas semanas de sequía en verano la convirtieron en presa favorita de cochinilla (Diaspidae, Coccoidae), y adiós Iwanagaara Apple Blossom ‘Tigerdee’
Encyclia adenocaula
Encyclia adenocaula, bellísima mexicana, no tolera ni riegos en exceso ni abonos copiosos: reacciona con la podredumbre del brote en crecimiento, y, como muchas Encyclias, le cuesta brotar de yemas antiguas.
Laelia flava
Laelia flava, una de las Laelias rupestres, se cultiva bien a pleno sol. Compactas y suculentas son muy resistentes, pero a la larga, la humedad ambiental no fue la necesaria para crecer con vigor. Inmediatamente las cochinillas invadieron el rizoma oculto en el sustrato.  La planta formó varios brotes ‘de pánico’ que no fueron capaces de enraizar: las cochinillas inyectan una toxina que provoca malformaciones y impide el crecimiento radicular.



”  – Where do vanished orchids go? –
In nonbeing, which is to say,
everything. “

minerva mcgonagall

Paphiopedilum spicerianum

Paphiopedilum spicerianum 1

Llegó en  abril de 2013. Nunca estuvo a gusto detrás de la ventana con los demás Paphiopedilum. Al año y medio lo trasplanté a un sustrato muy suelto con mucha concha marina triturada, le di un lugar a la sombra poco segura de unas hojas de Schefflera actinophylla en un balcón con mucho viento y riegos casi diarios. Pareció gustarle, reverdeció, crió nuevas hojas – mucho mas cortas, pero con las mismas manchas moradas en la parte basal (una de las características de esta especie) – y a mediados de septiembre de 2015 aparecieron dos pequeños pimpollos.

Paphiopedilum spicerianum 2

Paphiopedilum spicerianum 3
spicerianum 3

Paphiopedilum spicerianum pimpollo

A 23 de octubre ya se distingue la raya roja central que lucirá la gran dorsal blanca, una de las señas de identidad de la flor de esta especie, fácilmente identificable hasta en sus híbridos primarios. La vara aun es muy corta, y el ovario no ha crecido – le quedan algunos días a esta flor para abrir.

Paphiopedilum spicerianum 6: estaminoide

El estaminodio que luce Paphiopedilum spicerianum es alegremente inverosímil. En principio de forma redondeada, dos ondulaciones casi completas forman como los ojos de una rana; morado con bordes blancos, lustroso, presenta en el centro un dibujo estrellado verdoso-amarillento como si de un floripondio hippie se tratara. La sujeción que mantiene a la masa del polen en su lugar es blanca, con pelos morados, mientras que la masa del polen, que no está escondida en el interior, es de color naranja y muy visible en esta especie de Paphiopedilum.  Sería interesante ver el mecanismo de atrapar al insecto y su posterior huida en acción …

Paphiopedilum spicerianum 7: dos flores

Paphiopedilum Berenice ‘Lula da Silva’

Paphiopedilum Berenice 1:  vara

“ Cypripedium philippinense: aff. C. glanduli-
fero Bl. sepali dorsali oblongo acuto, inferiori
subaequali, tepalis deflexis linearibus basi paulo
dilatatis, labello bene longoribus (ultra bipolli-
caribus, vivis certe bene longioribus), labello
obtuso extenso, sacco quam in C. glandulifero
auplo longiori, staminodio cordiformi.  ”

Con estas escuetas lineas, perdidas en la página 335 del décimo tomo de la Revista Bonplandia quedaba descrita para la ciencia una nueva orquídea procedente de las Filipinas. Corría el año 1862. Apenas se habían descubierto unas catorce especies de ‘zapato de venus’ en los trópicos asiáticos y estas aun compartían genero con sus primas europeas. Cypripedium philippinense fue el tercero de un grupo de ‘zapatos de venus’ que hoy en día denominamos multiflorales. Además de Cypripedium glanduliferum – que tuvo que servir como referencia al describir a la nueva especie – se conocía una especie mas, el primer zapato de venus multifloral que había llegado a las colecciones europeas, descubierto por Hugh Low en las faldas del Mount Kinabalu  en la isla de Borneo, descrito en 1847 y nombrado en honor a su descubridor Cypripedium lowii.

A mediados del siglo XIX aun no existían híbridos artificiales de orquídeas. Es mas, dada la complicada morfología de las flores, se creyó que era imposible. Hasta que en un día de octubre de 1856 el jefe de jardinería de los viveros Veitch Royal Exotic Nursery en Exeter (Devonshire), Mr John Dominy, lograra presentar el primer híbrido en flor entre Calanthe masuca (ahora Cal. sylvatica) y Calanthe furcata (ahora Cal. triplicata).

Calanthe Dominyii fue la primera. Le siguieron Cattleya  Dominyana  y otra Calanthe,  Cal. Veitchii, ambas en 1859. Tuvieron que pasar diez años hasta que en 1869 floreciera el primer zapato de venus híbrido: Cypripedium Harrisianum. Veintidos años mas tarde, en 1891,  abría sus  flores por   primera vez el híbrido entre Cypripedium lowii y Cypripedium philippinense,  que fue  llamado Cypripedium Berenice (Capt. Vipan, 1891). Un año mas tarde, ambas especies cambiarían a su nombre actual, Paphiopedilum, llamándose nuestro híbrido correctamente Paphiopedilum Berenice.

En los híbridos se suele nombrar primero la planta que produce las semillas y luego la que aporta el polen. En los primeros años de hibridación de orquídeas, con las dificultades relacionadas con la germinación y el cultivo, solo unas pocas plantas sobrevivían hasta florecer. Las que sobrevivían eran muy distintas entre si, de forma que la descendencia incluso recibía nombres distintos en los cruces recíprocos. A medida que avanzaban las técnicas de germinación y cultivo, al sobrevivir cada vez mas plantas, se observó que la variación al cruzar especies de orquídeas – y mas aun al cruzar especies de géneros distintos –  siempre era muy amplia y no dependía – en general – del orden en los cruces. Pronto se pasó a dar denominaciones adicionales a aquellos cultivares que destacaban por su calidad. Aunque salvo algunas excepciones (subtribu Zygopetalinae) el orden de los padres no es determinante en cuanto a la calidad de la descendencia, si lo es la calidad de los progenitores.

Varias veces al año se celebran exposiciones en las cuales se dan a conocer especies nuevas y, sobre todo, nuevos híbridos; las mejores plantas se presentan a competición. Mediante un sistema de puntuación regulada y la votación de un grupo de jueces independientes se conceden premios a la excelencia. Las plantas premiadas, para su identificación posterior reciben un nombre de cultivar y lucen orgullosas el acrónimo de su galardón. Los mas comunes son el AM (Award of Merit = Premio al Mérito) y el HCC (High Class Certificate = Certificado de Categoria Superior).  Plantas que han recibido este tipo de distinciones suelen ser usadas como progenitores. Es de esperar que un híbrido resultante de estas plantas premiadas por su excelencia a su vez también destaque tanto por su vitalidad como a la hora de florecer.

Ya no son décadas las que separan un cruce excepcional del siguiente en su línea – gracias a los avances del cultivo in-vitro la producción de nuevos clones se ha acelerado vertiginosamente. Y aunque por alguna extraña razón, la familia de los ‘zapatos de venus’ – Paphiopedilum, Cypripedium, Phragmipedium, Mexipedium y Selenipedium – se resiste bastante a la propagación a través de tejido vegetal (meristemas), crecen con una rapidez razonable – ¡con conocidas excepciones! – por lo que no son mucho mas caras que otras orquídeas de producción industrial. A la hora de adquirir una nueva planta para nuestra colección, siempre es preferible que la planta que nos guste lleve como mínimo una etiqueta con su nombre. Lamentablemente la mayoría de las plantas que se pueden adquirir en las floristerías no tienen ni eso. El nombre desde luego no cambiará nuestra ilusión por nuestra planta, pero, a la hora de elegir un planta sin flor o a la hora de elegir una variedad concreta a través de un catálogo, un nombre de cultivar y, si lo tuviera, la relación de los premios que ha recibido, son una garantía bastante fiable en cuanto a la calidad.

Hoy, en 2015, hay reconocidas unas ciento diez especies de Paphiopedilum, y siguen encontrándose nuevas especies (P. robinsonianum, en la isla de Sulawesi en 2014 y P. rungsuriyanum en Laos en 2014), ambas son plantas vistosas, a pesar que pasaran inadvertidas para la ciencia hasta hace poco. El número de los híbridos se ha disparado; según los datos de la RHS (Royal Horticultural Society), encargada de llevar el registro de los híbridos de orquídeas desde principios del siglo pasado, al redactar estas líneas hay registrados un total de 23.449 cruces de Paphiopedilum. A la vista de estos números ¡nadie podrá decir que no hay variedad a la hora de elegir zapato!

Nuestra planta, cruce entre Paphiopedilum philippinense y Paphiopedilum lowii, no lleva nombre clonal de origen. Tampoco hay mas datos sobre los progenitores, solo que parece ser el cruce recíproco del original de 1891.  La planta fue comprada en otoño de 2013 en los viveros alemanes de Regina Elsner. A finales de enero de 2015 empezaron a crecer dos varas. ¡La expectación es grande! ¿Se habrán usado buenos progenitores al hacer el cruce? Tendremos que esperar a que se abra la primera flor. Y ojalá esté a la altura del nombre propuesto…

Paphiopedilum Berenice 2: in low bud

Paphiopedilum Berenice 3

Paphiopedilum Berenice 4

Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva' 5

las flores abiertas: Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva' 6

Paphiopedilum Berenice staminodium

Paphiopedilum Berenice 7: pouch

Paphiopedilum Berenice 9.JPG

Con las ocho flores abiertas al mismo tiempo, y una presentación de las dos varas impecable, no queda nada por desear. Las flores son grandes – 18 x 10cm – , sin deformaciones, coloridas y longevas: la flor individual duró más de 75 días, la planta estuvo en flor durante cuatro meses.

Y lo mejor: la planta ha seguido creciendo durante 2016, formando tres abanicos nuevos y varios brotes pequeños; en marzo de 2017 aparece una nueva vara. ¡Bemvindo a casa, Senhor da Silva!

Santa Cruz

Paphiopedilum Santa Cruz 4 hojas

Paphiopedilum Santa Cruz 1: pimpollo

Paphiopedilum Santa Cruz 2

Paphiopedilum Santa Cruz 3

Paphiopedilum Santa Cruz 6: segundo pimpollo

Santa Cruz 5: estaminoide

Paphiopedilum Santa Cruz 9: sexual theme park

Paphiopedilum Santa Cruz 8: full

Paphiopedilum Santa Cruz 10: 2nd bud

Paphiopedilum Santa Cruz es un híbrido entre dos especies de secciones distintas dentro del género Paphiopedilum. Paphiopedilum glaucophyllum pertenece al pequeño grupo de especies indonesias agrupadas en la sección Cochlopetalum. Se distinguen por su prolongada floración secuencial, formando un capullo tras otro en una misma vara floral. En cambio las especies de la sección Sigmatopetalum rara vez dan mas de dos flores simultáneas en una misma vara.  A este extenso grupo pertenece la segunda especie utilizada en el cruce, Paphiopedilum sukhakulii. Esta especie tailandesa, bastante llamativa, tanto por sus hojas de dos tonalidades como por su flor, fue descubierta por casualidad en un lote de Paphiopedilum callosum recolectados in-situ y enviados a un vivero en Alemania. Su descubrimiento y posterior descripción en 1965 fue todo un acontecimiento, ya que no se esperaban nuevas especies en esa región extensamente  cateada para la exportación de orquídeas. No deja de ser irónico, que el descubrimiento de Paph. sukhakulii sólo sería el primero de más de treinta especies nuevas para la ciencia, descubiertas y descritas a un ritmo vertiginoso en las siguientes dos décadas.

Al abrirse lentamente la flor parece obvio que el labelo – el zapato o babucha que da nombre al género – y el gran sépalo dorsal que lo protege, son un refugio ideal para insectos, ya sea como lugar de reposo habitual o de protección durante fuertes lluvias. Pero lo obvio en este caso es engañoso. Cierto es que las señales ópticas que emiten las flores de muchas especies del género Paphiopedilum resultan atrayentes para insectos, peculiarmente para muchos sírfidos. Los sírfidos, moscas con aspecto de avispas o abejorros, que al contrario de estos suelen planear prolongadamente sobre las flores en las que se posarán, presentan muchas formas de co-evolución con las plantas a las que suelen visitar.  A su vez, las flores de Paphiopedilum refuerzan esta relación, imitando con su peculiar diseño de manchas y cerdas el alimento de las larvas de los sírfidos: la flor de un Paphiopedilum no promete refugio –  ofrece un sitio para la puesta. El intenso brillo en ciertas zonas del estaminoide y en el borde interior de la ‘babucha’ imita los destellos de las gotas de néctar que sueltan los áfidos, los omnipresentes pulgones. Las manchas oscuras, las verrugas y las cerdas imitan colonias de crías de áfidos. La hembra de sírfido incauta que se pose en las partes centrales de la flor tiene muchas probabilidades de caer tanto en el engaño como de caer al fondo de la babucha-trampa. Su única salida será pasando por la zona receptiva del estigma y luego apretujándose por debajo de uno de los dos estambres laterales que custodian cada una de las dos salidas. La siguiente flor de Paphiopedilum que logre atraer a la misma hembra quedará polinizada. Al no haber ninguna recompensa – ni un buen sitio para la puesta ni un premio de consolación en forma de néctar o polen – el engaño es perfecto. Y posiblemente el engaño aun llegue mas allá: en los estaminoides de Paphiopedilum rothschildianum se han encontrado puestas y larvas de sírfidos,  lo cual podría indicar que las flores de esta especie, además del engaño óptico pudieran engañar químicamente al emanar la misma feromona de alarma que producen los áfidos para alertarse entre ellos ante la presencia de un sírfido. Este complejo mecanismo de polinización por engaño ha sido verificado recientemente para otra especie de orquídea terrestre (Epipactis).

Nadie sabe, y posiblemente no lo sabremos nunca, lo que realmente ve un insecto con sus ojos facetados al explorar el peculiar parque temático sexual de una flor de Paphiopedilum. El refugio no es tal, las señales que atraen y prometen, resultan un engaño.  ¿Cómo puede co-evolucionar un mecanismo basado en el engaño? ¿Hay alguna retribución real para los polinizadores que aun se escapa a nuestra percepción?  Lo que sí podemos afirmar es que incluso a ojos de un humano (¿macho y hembra por igual?) la combinación de formas, sinuosidades, cerdas, pelos y tomento, hendiduras, salientes y entrantes, texturas … evocan sexualidad a raudales en el ojo receptivo.