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Los indeseados III

Si las algodonosas y las lapas son plagas que se instalan para quedarse, los comensales de esta entrada se mueven libremente y se nutren indiscriminadamente con lo que tienen a su alcance. Aunque en su entorno natural tienen su rol ecológico importante, en una maceta se vuelven muy dañinos.

Caracoles y  babosas (ingl.:snails and slugs; al.:Schnecken und Nacktschnecken)
Si no amanecemos con una ‘vara a medio comer’ o con unos pimpollos de Cattleya convertidos en encaje, la primera huella que nos alerta de la presencia de babosas o caracoles son sus características huellas de baba. Incluso secas siguen brillantes.

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Aquí llevan días comiendo, una de las raíces incluso ha tenido tiempo de rebrotar – las demás todas se han quedado sin su punto de crecimiento.

En el caso de esta cesta con una planta de Dendrobium, las culpables han sido dos babosas, que con sólo sumergir el cesto en agua han salido de su escondite seguro – al ser animales con pulmones necesitan respirar – y se han dejado cazar. Las babosas son bastante rápidas y ágiles y llegan a cualquier parte. Según la especie pueden llegar a ser grandes y necesitan devorar grandes cantidades de verde, con clara preferencia por tejidos jóvenes, blandos y llenos de azúcares.
Colocando cebos de trozos de fruta, las podemos atraer durante la noche y recolectarlas a primera hora de la mañana, o incluso por la noche con una linterna. Preferentemente nocturnas por ser la parte del día en la que corren menos riesgo de deshidratarse, pueden salir a cualquier hora, siempre que la humedad sea alta: después de una tormenta todas salen a alimentarse.

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Sumergiendo la maceta en agua, las babosas se activan y huyen, ya que necesitan respirar aire.

Además de las babosas están los caracoles. Cada región tienen sus especies y, como con las babosas, si cultivamos al aire libre y sobre suelo, pueden llegar a ser un gran problema. Un recipiente bajo, con unos dos dedos de cerveza, colocado a ras del suelo, es un cebo y una trampa mortal. Después de una lluvia, llegarán atraídos por el olor decenas de caracoles y babosas que morirán en el líquido.
Es un método poco agradable, pero eficaz. Y mucho menos dañino para el medio ambiente que los molusquicidas.

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Las crías del caracol Cornu aspersum pasan bastante desapercibidas pero son muy voraces.

Un pequeño caracol que se está expandiendo por medio mundo gracias al comercio de plantas de invernadero es el minúsculo Zonitoides arboreus. Se mueve entre la corteza y rara vez sale del sustrato y fuera de la maceta. He de reconocer que no he visto daños  en las orquídeas causados por este caracol, y posiblemente se alimente de detritus exclusivamente. En una vitrina cerrada y con alta humedad este caracol quizás sea un riesgo para las raíces. Con un trozo de manzana se les puede ir capturando.

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Zonitoides arboreus, un pequeño caracol norteamericano en origen, posiblemente sólo se alimente de materia en descomposición.

Las babosas y los caracoles ‘solamente’ comen y luego siguen su camino. Pero las marcas que dejan en flores y pimpollos, a los que devoran con avidez de una sola sentada, resultan desesperantes.
Por eso es aconsejable estar al acecho durante todo el año e ir reduciendo con cebos (trozos de patata ahuecada, fruta y  -¡cómo  no! –  hojas de ensalada) la presión predatoria sobre nuestra plantas. Cultivando en exteriores esto es una tarea que nunca acaba, pues siempre entrarán nuevos animales de las zonas contiguas.

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Los daños en las flores son irreversibles.

Los gasterópodos son el grupo de animales más numeroso en especies después de los insectos. No hay nicho ecológico que no haya sido colonizado por algún miembro de este grupo de moluscos. Como era de esperar, entre ellos también hay los que se alimentan  … de ¡otros caracoles!
Los que tenemos alguno de estos caracoles comecaracoles cerca, podemos propiciarlos, no usando trampas de cerveza, por ejemplo, y llevándolos a los lugares que nos interesan. En una jardinera, varios caracoles de la especie omnívora Rumina decollata – bastante fácil de reconocer gracias a que el ápice de su caracola casi siempre está rota, lo cual resulta llamativo – acaban con cualquier otro caracol. Aunque eso si – una vez que han acabado con la carne, no dudarán en comer cualquier otra cosa.

babosas y caracoles
Rumina decollata, mediterránea y canaria, se alimenta de caracoles y es muy útil en jardineras y terrazas.

Además de estos pequeños ayudantes con baba, hay otro método que funciona razonablemente bien a la hora de proteger varas florales. Un trozo de algodón, envolviendo la vara, impide que pasen las babosas y los caracoles – siempre que el algodón esté seco.  Elegiremos el tamaño del algodón según el tamaño de las babosas más grandes. ¡Son capaces de estirarse lo indecible para alcanzar los pequeños pimpollos! También podemos poner varios algodones; uno a ras del bulbo o del tallo, para evitar que ahuequen la vara, y otro más arriba, lejos de hojas que puedan hacer de puente, para proteger directamente a los pimpollos.
El método es tan simple como efectivo; una lástima que no funcione con insectos y lagartijas.

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El algodón hace de barrera que le impide a la babosa llegar a los tiernos capullos de esta vara de Phalaenopsis equestris

Blattodea (Cucarachas) (ingl.:cockroaches; al.:Schaben)

Sin dejar rastro al caminar, las crías de las cucarachas producen los mismos daños en tallos y hojas tiernas comidas y en las puntas de las raíces. Se esconden perfectamente en el sustrato y parecen muy a gusto en los cestos.  Salen a la superficie cuando se sumergen en agua y obviamente es más difícil cazarlas, ya que son rápidas y esquivas. Si en vez de sumergir la maceta o el cesto en agua lo hacemos añadiendo un poco de jabón potásico al agua, esto las mata. Rara vez vienen solas, suele haber dos en cada maceta.

larvas de cucaracha
Dos larvas de cucaracha huyen del agua al sumergir un cesto.
cucarachas
Con el sustrato lleno de agua, los animales más rápidos son los primeros en salir: primero insectos, luego isópodos, mas tarde babosas y caracoles
cucarachas y babosas
Agua, Rumina, jabón potásico y, como último remedio contra las cucarachas, un gel insecticida

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