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defensas altas en la plantación

pequeños ayudantes 1: cesto roto

Una de las desventajas del cultivo en cestos estriba en su accesibilidad: cualquier semilla, cualquier insecto puede escoger el cesto como su casa, el lugar idóneo para germinar o para depositar sus huevos. A los nuevos inquilinos les es indiferente que el cesto ya tenga habitante, por lo general no van a por el hasta que crecen en tal medida que no hay espacio y nutrientes para los dos. Si al principio pasan desapercibidos – sobre todo los insectos y artrópodos – y las pequeñas adventicias incluso lucen bonitas junto a la orquídea, ya cuando escasean los recursos hay que tomar medidas.

Si los inquilinos son eventuales – cucarachas inmaduras por ejemplo – con simplemente sumergir el cesto en agua o agua con una gota de lavavajillas lograremos que los indeseados salgan de sus escondites. También podremos sacar gran parte de isópodos, algunos caracoles y babosas y alguna que otra oruga con este método. La flora adventicia o se poda o se corta de raíz…
pequeños ayudantes 2 oruga en el cesto

Sin embargo, si los intrusos son orugas (larvas de volanderas nocturnas, por ejemplo Autographa gamma) que han minado la estructura misma del cesto y comienzan a buscar nuevo alimento en el interior del cesto, que finalmente serán los pseudobulbos, hay que actuar antes de que causen un daño directo a la planta. La estructura misma y las bolitas de las deyecciones de las orugas dan el aviso.

pequeños ayudantes 3 desmontar el cesto

Desmontar un cesto es bastante sencillo. Y mas aun cuando las orugas y el óxido ya han hecho parte del trabajo. Porque también los alambres, aunque finamente recubiertos de plástico, notan el paso del tiempo y de la humedad. Y si además la orquídea ayuda – como es el caso de esta Coelogyne pandurata – si no es de las que se agarran fuertemente con sus raíces a cualquier superficie, desmontar el cesto y sacar la planta es cuestión de pocos minutos. Ahora hay que separar los alambres de la materia orgánica, que pasará al compost. Si el sustrato se desprende bien de las raíces y de la base de los bulbos, mejor; pero por lo general no suele ser así. Un palo puntiagudo – una brocheta – un pincel, un chorro de agua pueden ayudar. Siempre teniendo en cuenta no dañar las raíces. Es preferible dejar el sustrato pegado a las raíces que en el intento de limpiar cometer el daño que queríamos evitar…

pequeños ayudantes 4 cepellón

Finalmente tendremos un cepellón mas o menos compacto que no nos atreveremos a desmenuzar, sobre todo si vemos raíces vivas con sus puntas activas y creciendo – por cierto: las raíces de esta Coelogyne son de un color salmón muy sorprendente! Volver a plantar tal cual se presenta el cepellón ahora conlleva el riesgo que no hayamos eliminado todas las orugas, ya que algunas podrían estar en el mismo centro del cepellón, justo por debajo de los bulbos.
Es hora del ataque químico casero: una o dos guindillas – chiles – muy picantes se licuan con piel y semillas en un  poco de agua. Añadimos una gota de lavavajillas como agente mojante, pasamos la mezcla por un colador y ya tenemos el liquido en el que sumergiremos el cepellón – pero: ¡atención: manos y ojos no deben tocar el líquido! Y si trabajamos con pulverizador hay que tener en cuenta el viento.

pequeño ayudante 5 sumergir

Elegiremos un recipiente  un  poco  mas grande que el cepellón y añadiremos nuestra mezcla y agua hasta poder sumergir todo el cepellón. Si hay orugas y otros bichos escondidos no les quedará otra que salir, tanto para poder respirar – la gota de detergente reduce la tensión de la superficie del agua, con lo cual los insectos e isópodos no pueden retener una burbuja de la que respirar – como para salvarse del picor. A las plantas les falta el receptor que les permita ‘sentir’ el calor de la capsaicina, de modo que ni se dan cuenta. (Eso por lo menos es lo que creemos los humanos, que solemos ser un poco torpes en asuntos referentes a seres de menor tamaño que nosotros…).

pequeños ayudantes 6 saliendo

No tardan mucho en salir. Se ve una en el centro de la foto. En total salieron tres orugas de tamaño mediano. Espero que no haya quedado ninguna, sería una mala noticia, pues empiezan a ahuecar los bulbos desde abajo sin que se note en las hojas hasta el último momento. Mientras el insecticida/repelente hace su tarea preparo una caldero con agua hirviendo. Echo el nuevo sustrato – una mezcla de corteza de pino, corteza de canela y picón – en el agua hirviendo y lo dejo hasta el nuevo hervor, apago el fuego y dejo enfriar. Será la mezcla para el nuevo cesto.

pequeos ayudantes 7 oruga

Todas las herramientas necesarias para este trabajo suelen estar a mano en casa, entre cocina y caja de herramientas. Son pequeños ayudantes de jardinería muy cotidianos, baratos y versátiles

Un pincel. Un licuador (o un mortero). Un colador. Chiles. Agua. Una gota de lavavajillas. Un embudo. Alambre. Tenazas. Un pulverizador (sirve un pulverizador de otro producto, limpio). Un recipiente de aproximadamente un litro.
Y finalmente: ¡¡Un palo!! 

A falta de un palo en casa nos sirve una brocheta de madera.

pequeños ayudantes 8 todos reunidos

Ya listo el sustrato la planta inaugura un cesto nuevo, esta vez un cesto horizontal en forma de cornucopia. Habrá que estar atentos a los brotes nuevos que ya están apareciendo: mientras crezcan bien, sin parones, significará que no ha quedado ninguna oruga escondida. ¡Ojalá!

peq ayu 9 nuevo cesto

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Crecer sin maceta

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La inmensa mayoría de las orquídeas comúnmente cultivadas son epífitas, es decir, en origen crecen encima de otra planta, casi siempre arbustos o árboles. Es esa también la razón por la que la raíces de las orquídeas prefieren un sustrato de cultivo con mucha capacidad de aire. Una forma de proporcionarles este sustrato, o mejor dicho, un soporte del que se pueden apropiar según su gusto, es plantándolas dentro de un cesto.
1. Se eligen las ramas y se cortan al tamaño deseado. Hay muchos árboles cuya poda se puede usar, estas son de Solanum  y Salix (Sauce). Muy buenas son también ramas de tilo, avellano, acebuche, etc. Otras sin embargo se deshacen rápidamente o se plagan de orugas, como por ejemplo poda de Hibiscus.
2. Se taladran los trozos de rama a cada extremo con un taladro de madera fino. El cesto mas simple – y el mas fácil de hacer – es el cuadrado. Todos las ramas tendrían el mismo tamaño. La cantidad de ramitas define la altura del cesto. En este caso he optado por un cesto de seis lados.
3. Con un alambre se ensarta de abajo hacia arriba la primera fila de ramas. Como este cesto tiene seis lados, hay seis alambres. Los lados de este cesto no son iguales entre si; hay tres lados largos y tres lados mas cortos. Además, el tamaño de la ramas va creciendo hacia arriba. Es aconsejable, que este aumento no sea mayor a medio cm por fila. De otra manera quedaría visible el alambre.
4. Cuando la primera doble fila está ensartada, se cierra el círculo (hexágono). No todas las ramas son iguales. Queda mas estético (y es mas fácil de hacer) cuando las ramas que están al mismo nivel son iguales, usando el mayor grosor o en fondo o en el borde superior. Ramas curvadas se pueden usar; se ensartan con la curvatura hacía afuera. También se pueden elegir las ramas por su forma en la que han crecido: esto ya es arte mayor.
5. Llegados a la última fila, se ‘cierra’ el alambre formando una horquilla cerrada o ensartando un abalorio. Hay que elegir muy bien el tamaño de las ramas. El cesto acabado suele ser mucho mayor de lo que se podía intuir. Si hay que cambiar de tamaño, es ahora el último momento posible, antes de formar los ojetes y cortar el alambre sobrante!
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6. El cesto colgante puede tener varios tipos de suspensiones a elegir.  Al formar el ojete ya tenemos los puntos donde enganchar la suspensión del cesto. En el caso de este cesto puedo optar por seis o por tres. Si elijo suspensiones de distinto largo, incluso podemos inclinar el cesto (por ejemplo para alguna Phalaenopsis). Una opción que queda muy estética y ‘natural’, pero poco práctica a la hora de regar.
7. Para poder llenar el cesto con sustrato, hay que tapar el fondo. Para este fin podemos optar por cualquier material que sea resistente a la humedad y al peso que va a tener el cesto en su interior. Desde conchas marinas (para orquídeas que toleran o incluso necesitan cal) hasta mallas de alambre. Lamentablemente no funcionan las fibras de palmera de la palmera canaria. Aunque lucen muy bonitas, se deshacen en pocas semanas. Si son muy aptas las fibras de la palmera Livistona.
8. Una vez listo el nido, ya se puede plantar. La orquídea a trasplantar estaba en un cesto hecho de ramas de Hibiscus. Urgía el trasplante. Con suavidad – siempre hay alguna raíz que se parte – se saca a la planta del cesto viejo, si fuera necesario se deja alguna rama pegada a las raíces.
9. Encyclia diurna en su nuevo cesto. Limpia y reluciente, ya solo falta la suspensión.
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