Paphiopedilum Berenice ‘Lula da Silva’

Paphiopedilum Berenice 1:  vara

“ Cypripedium philippinense: aff. C. glanduli-
fero Bl. sepali dorsali oblongo acuto, inferiori
subaequali, tepalis deflexis linearibus basi paulo
dilatatis, labello bene longoribus (ultra bipolli-
caribus, vivis certe bene longioribus), labello
obtuso extenso, sacco quam in C. glandulifero
auplo longiori, staminodio cordiformi.  ”

Con estas escuetas lineas, perdidas en la página 335 del décimo tomo de la Revista Bonplandia quedaba descrita para la ciencia una nueva orquídea procedente de las Filipinas. Corría el año 1862. Apenas se habían descubierto unas catorce especies de ‘zapato de venus’ en los trópicos asiáticos y estas aun compartían genero con sus primas europeas. Cypripedium philippinense fue el tercero de un grupo de ‘zapatos de venus’ que hoy en día denominamos multiflorales. Además de Cypripedium glanduliferum – que tuvo que servir como referencia al describir a la nueva especie – se conocía una especie mas, el primer zapato de venus multifloral que había llegado a las colecciones europeas, descubierto por Hugh Low en las faldas del Mount Kinabalu  en la isla de Borneo, descrito en 1847 y nombrado en honor a su descubridor Cypripedium lowii.

A mediados del siglo XIX aun no existían híbridos artificiales de orquídeas. Es mas, dada la complicada morfología de las flores, se creyó que era imposible. Hasta que en un día de octubre de 1856 el jefe de jardinería de los viveros Veitch Royal Exotic Nursery en Exeter (Devonshire), Mr John Dominy, lograra presentar el primer híbrido en flor entre Calanthe masuca (ahora Cal. sylvatica) y Calanthe furcata (ahora Cal. triplicata).

Calanthe Dominyii fue la primera. Le siguieron Cattleya  Dominyana  y otra Calanthe,  Cal. Veitchii, ambas en 1859. Tuvieron que pasar diez años hasta que en 1869 floreciera el primer zapato de venus híbrido: Cypripedium Harrisianum. Veintidos años mas tarde, en 1891,  abría sus  flores por   primera vez el híbrido entre Cypripedium lowii y Cypripedium philippinense,  que fue  llamado Cypripedium Berenice (Capt. Vipan, 1891). Un año mas tarde, ambas especies cambiarían a su nombre actual, Paphiopedilum, llamándose nuestro híbrido correctamente Paphiopedilum Berenice.

En los híbridos se suele nombrar primero la planta que produce las semillas y luego la que aporta el polen. En los primeros años de hibridación de orquídeas, con las dificultades relacionadas con la germinación y el cultivo, solo unas pocas plantas sobrevivían hasta florecer. Las que sobrevivían eran muy distintas entre si, de forma que la descendencia incluso recibía nombres distintos en los cruces recíprocos. A medida que avanzaban las técnicas de germinación y cultivo, al sobrevivir cada vez mas plantas, se observó que la variación al cruzar especies de orquídeas – y mas aun al cruzar especies de géneros distintos –  siempre era muy amplia y no dependía – en general – del orden en los cruces. Pronto se pasó a dar denominaciones adicionales a aquellos cultivares que destacaban por su calidad. Aunque salvo algunas excepciones (subtribu Zygopetalinae) el orden de los padres no es determinante en cuanto a la calidad de la descendencia, si lo es la calidad de los progenitores.

Varias veces al año se celebran exposiciones en las cuales se dan a conocer especies nuevas y, sobre todo, nuevos híbridos; las mejores plantas se presentan a competición. Mediante un sistema de puntuación regulada y la votación de un grupo de jueces independientes se conceden premios a la excelencia. Las plantas premiadas, para su identificación posterior reciben un nombre de cultivar y lucen orgullosas el acrónimo de su galardón. Los mas comunes son el AM (Award of Merit = Premio al Mérito) y el HCC (High Class Certificate = Certificado de Categoria Superior).  Plantas que han recibido este tipo de distinciones suelen ser usadas como progenitores. Es de esperar que un híbrido resultante de estas plantas premiadas por su excelencia a su vez también destaque tanto por su vitalidad como a la hora de florecer.

Ya no son décadas las que separan un cruce excepcional del siguiente en su línea – gracias a los avances del cultivo in-vitro la producción de nuevos clones se ha acelerado vertiginosamente. Y aunque por alguna extraña razón, la familia de los ‘zapatos de venus’ – Paphiopedilum, Cypripedium, Phragmipedium, Mexipedium y Selenipedium – se resiste bastante a la propagación a través de tejido vegetal (meristemas), crecen con una rapidez razonable – ¡con conocidas excepciones! – por lo que no son mucho mas caras que otras orquídeas de producción industrial. A la hora de adquirir una nueva planta para nuestra colección, siempre es preferible que la planta que nos guste lleve como mínimo una etiqueta con su nombre. Lamentablemente la mayoría de las plantas que se pueden adquirir en las floristerías no tienen ni eso. El nombre desde luego no cambiará nuestra ilusión por nuestra planta, pero, a la hora de elegir un planta sin flor o a la hora de elegir una variedad concreta a través de un catálogo, un nombre de cultivar y, si lo tuviera, la relación de los premios que ha recibido, son una garantía bastante fiable en cuanto a la calidad.

Hoy, en 2015, hay reconocidas unas ciento diez especies de Paphiopedilum, y siguen encontrándose nuevas especies (P. robinsonianum, en la isla de Sulawesi en 2014 y P. rungsuriyanum en Laos en 2014), ambas son plantas vistosas, a pesar que pasaran inadvertidas para la ciencia hasta hace poco. El número de los híbridos se ha disparado; según los datos de la RHS (Royal Horticultural Society), encargada de llevar el registro de los híbridos de orquídeas desde principios del siglo pasado, al redactar estas líneas hay registrados un total de 23.449 cruces de Paphiopedilum. A la vista de estos números ¡nadie podrá decir que no hay variedad a la hora de elegir zapato!

Nuestra planta, cruce entre Paphiopedilum philippinense y Paphiopedilum lowii, no lleva nombre clonal de origen. Tampoco hay mas datos sobre los progenitores, solo que parece ser el cruce recíproco del original de 1891.  La planta fue comprada en otoño de 2013 en los viveros alemanes de Regina Elsner. A finales de enero de 2015 empezaron a crecer dos varas. ¡La expectación es grande! ¿Se habrán usado buenos progenitores al hacer el cruce? Tendremos que esperar a que se abra la primera flor. Y ojalá esté a la altura del nombre propuesto…

Paphiopedilum Berenice 2: in low bud

Paphiopedilum Berenice 3

Paphiopedilum Berenice 4

Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva' 5

las flores abiertas: Paphiopedilum Berenice 'Lula da Silva' 6

Paphiopedilum Berenice staminodium

Paphiopedilum Berenice 7: pouch

Paphiopedilum Berenice 9.JPG

Con las ocho flores abiertas al mismo tiempo, y una presentación de las dos varas impecable, no queda nada por desear. Las flores son grandes – 18 x 10cm – , sin deformaciones, coloridas y longevas: la flor individual duró más de 75 días, la planta estuvo en flor durante cuatro meses.

Y lo mejor: la planta ha seguido creciendo durante 2016, formando tres abanicos nuevos y varios brotes pequeños; en marzo de 2017 aparece una nueva vara. ¡Bemvindo a casa, Senhor da Silva!

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