Crecer a secas

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1. Cultivar orquídeas en cestos está a medio camino entre el cultivo sobre corcho o corteza, y el cultivo común en maceta. Hay epífitas muy sensibles a tener las raíces mojadas por tiempo prolongado y cuanto antes se sequen mejor crecerán en cultivo. Por otro lado, cultivar en cestos – y mas aun cuando se monta las orquídeas directamente sobre corcho – significa que hay que regar con más frecuencia, hasta dos veces por día, y aumentar al máximo la humedad ambiental.  La elección del sustrato y del contenedor siempre depende en gran medida de nuestro régimen de riego preferido y de las condiciones atmosféricas locales.
2. En un cesto vertical las ramas que usamos se cierran en círculo, quedando verticales. El cesto más fácil es el cesto vertical de ramas iguales entre si y rectas – un cilindro.  El cesto vertical  de estas fotos tendrá forma de copa. Se consigue usando ramas de distinta longitud que se alternan al engarzar. Las ramas largas se mantienen con tres alambres, las ramas cortas llevan dos. La función de los abalorios engarzados entre las ramas no es meramente decorativa: son separadores que ayudan a conseguir la forma deseada del cesto en función de su tamaño y ayudan al secado de las ramas y por lo tanto a que sea mas duradero el cesto. No tienen porqué ser perlas de madera o plástico: cualquier separador que guste vale.
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3. Los frutos leñosos de jacarandá serán los separadores en la parte inferior de este cesto. Con su respectivo hueco hecho con un fino taladro de madera, se van alternando media cápsula de jacarandá y una rama larga. El principio del alambre se dobla formando un ojete generoso: servirá al final para cerrar el cesto. Cuantas mas ramas se usen, mayor – mas ancho – será el cesto. Es frecuente que que al final, en el momento de cerrar el cesto resulte excesivamente grande. Quitándo una o dos ramas y los separadores se soluciona el problema.
4. Al usar ramas desiguales entre si – que en este caso no es casualidad sino toda intención – cuidaremos que las curvaturas y los salientes tengan una misma orientación – apuntando al exterior – para que el resultado final sea armónico. Los rabos del alambre no se cortarán hasta el final, de forma que siempre podamos añadir algo mas al cesto, si fuera necesario.

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5. Engarzados todos los elementos de la fila inferior, tensamos cuidadosamente el alambre y cerramos formando otro ojete grande. No es obligatorio empezar por abajo en un cesto vertical, pero ayuda mucho empezar por la estructura mas simple. la que menos elementos contiene. Es más fácil; una vez hecha la primera fila, tensada y cerrada, toda la estructura cobra un poco mas de rigidez, lo cual ayuda con la segunda fila, que ya contiene muchos mas elementos. Llegados a este punto hay que ser muy pacientes … !
6. Lista queda la corona del Rey Julian después de tensar el último alambre y cerrar. Ahora es el momento idóneo de jugar; doblar el cesto y ver si realmente tiene la forma y el tamaño que queríamos al principio, ver si hay que aflojar tensión o tensar mas – casi siempre es tensar mas –  los alambres. Hora de comprobar se nos gusta lo que vemos, porque ahora aun es fácil de abrir cada fila de alambres y cambiar ramas, separadores, añadir o menguar.

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7. Hecho el cesto se elige la suspensión. Para un cesto que ha de durar años y soportar tanto el peso del sustrato humedo como el de la planta, además de estar en el exterior con el continuo mecer del aire, por lo menos hay que elegir tres puntos de suspensión. De esta forma, aunque se rompa un alambre, los otros dos mantendrán la planta en equilibrio  – ¡mientras sea pequeña! Plantas mayores estarán mas seguras con cuatro o mas alambres/cuerdas/etc.
8. Coilostylis parkinsoniana es una orquídea epífita de crecimiento péndulo. Por esta razón, para hacer el cesto he elegido ramas con bifurcaciones. Darán soporte a las largas hojas de la Coilostylis y eventualmente a los tallos – siempre bajo el presupuesto que le guste su nueva casa, aireada, de rápido secado y cálida (en comparación con una maceta de barro).
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9. Las fibras que envuelven los troncos de la palmera ‘de abanico china’ Livistona (aff. chinensis) son lo mas parecido a un tejido, fuerte, acolchado, resistente al peso y de gran duración frente al agua. Se cortan como tela a la forma deseada; los restos sirven de sustrato. Son el material ideal para recubrir el cesto por dentro, de forma que hasta el sustrato mas fino se mantiene en su sitio. Esta palmera es frecuente en jardinería, por ser pequeña y de crecimiento lento, las fibras que usamos están a mano.
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10. Et voilà ya ha llegado la inquilina. Coilostylis parkinsoniana, más conocida bajo su antiguo nombre Epidendrum parkinsonianum, en su cesto, rellenado con sustrato a base de picón (lapilli), fibra de coco y algo de corteza de pino. El sustrato aun tendrá que asentarse, de forma que en un par de semanas es conveniente volver a añadir un poco más de relleno. Este cesto mantendrá el cepellón húmedo durante algún tiempo, más que si la planta estuviera montada. A la vez dará la máxima aireación y un entorno cálido, en el cual las raíces podrán optar por orientarse hacia la humedad o por envolver lentamente los barrotes del cesto. Un exceso de riego es casi imposible al usar un cesto.

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La misma planta, el mismo cesto. Abril de 2017.

ε


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